domingo, 7 de octubre de 2012

Dialéctica oficial en estado de crisis

La crisis llegó hace prácticamente un lustro. Se oyen frases de boca de políticos de toda índole que supuestamente deberían resolver la crisis pero que al fin y al cabo presentan el mismo éxito que la anterior: ninguno… Al menos para el ciudadano. No obstante sigue siendo interesante analizar la forma en la que la política trata a la sociedad: uno es pobre porque se lo ha buscado

manipulacion

Parece que sea algo inexorable, parece que hoy en día todo sea inexorable y no haya nada que hacer salvo asumir la consecuencias de una crisis que viene impuesta por un poder divino contra el que nada se puede hacer. El ciudadano debe asumir, acatar y incluso estar de acuerdo con las diferentes medidas que unos y otros, mercados y gobiernos imponen con total impunidad democrática. Medidas que en general van en contra del interés del conjunto de los ciudadanos. Pero así es, parece ser que todos debemos asumir este momento y “unirnos para un día resurgir”…

No es el objetivo de éste artículo: las medidas que podrían hacer resurgir las economías europeas de forma mucho más rápida y capaces de respetar el interés general de la sociedad, ya se trataron en otro artículo. Lo que hoy trataremos de averiguar es el motivo por el que la sociedad parece estar en estado de shock.

¿Cuales son las claves del discurso político que mantienen a la sociedad en un sueño aletargado? ¿Por qué motivos se están debatiendo asuntos que bien podrían esperar unos meses en lugar de lanzar un debate útil y organizado para aplicar un modelo económico que permita sobre salir de una crisis que sigue engrosando las listas del paro? Existe una jerga: la dialéctica política basada en las técnicas de marketing Business to Customer (BtoC).

Inculcar una idea poco a poco hasta que se convierte en cierta

Es un virus que se extiende poco a poco. En todo el mundo. “Si es pobre, por algo será”. Es un pensamiento intrínsecamente ligado al pensamiento neo-liberal: un sistema hecho para los triunfadores en el que todo perdedor es objeto de burla, culpabilidad y olvido completo.

De una fuerza y belleza incontestable en periodos de bonanza económica (puesto que siempre hay ejemplos de éxito fulgurante en esas etapas), esta forma de pensar se convierte en un sistema intransigente, cruel y amoral en tiempos de crisis económica. A día de hoy, muchos son los que sospechan que la inmensa mayoría de los parados son unos holgazanes o son directamente culpables de no encontrar trabajo: tiraron por la borda sus oportunidades.

“Aunque pocas veces se expresa abiertamente, el desprecio por quienes necesitan ayudas públicas acaba aflorando. A veces de forma inoportuna, como le ha ocurrido al candidato republicano Mitt Romney. Sugerir que casi la mitad de los norteamericanos son parásitos sociales ha arruinado su carrera a la presidencia de Estados Unidos. Otras, de forma estridente, como cuando la diputada Andrea Fabra lanzó en el Congreso de los Diputados aquel burdo “que se jodan” en el momento en que se debatía recortar prestaciones a los parados. Y a veces sibilinamente, como cuando el diputado Josep Antoni Duran i Lleida afirmó que mientras los payeses catalanes lo pasan mal, en otras partes de España “hay campesinos que pueden quedarse en el bar de la plaza y continúan cobrando”.

Estas palabras no son inocentes. “El relato que se hace de lo que ocurre es determinante porque contribuye a construir el marco conceptual que servirá de referencia a la hora de valorar lo que ocurre”, explica Montserrat Ribas, profesora de la Universidad Pompeu Fabra y coordinadora del grupo de investigación sobre Estudios del Discurso. Si en ese relato se introduce la idea de que los parados y los pobres son parásitos, es presumible que cuando se decidan recortes en las prestaciones, estos no encuentren resistencia entre quienes no sufren esa situación.”

El País (ver fuentes para artículo completo).

Este marco ideológico que cada vez emplean más y más los partidos de derecha implicará, de continuar goteando en los medios, una sociedad todavía menos justa que la actual. Dentro de un tiempo, el parado ya no será considerado una víctima de un sistema financiero ni será considerado como merecedor de ayudas del gobierno. Se le abandonará a su suerte. Cuando el gobierno proponga entonces medidas antisociales, los parados no dispondrán ni siquiera del apoyo de sus conciudadanos que pensarán en ellos como una carga inútil para sus bolsillos y las arcas estatales.

Una ideología aberrante.

Y en este mismo marco ideológico se integra la visión de la crisis financiera que occidente está atravesando. De hecho, con este enfoque la crisis no tiene responsables (lo que es una mentira como una casa). Se trata prácticamente de una “catástrofe natural” y poco a poco se neutraliza la capacidad de crítica de la sociedad hacia las medidas constrictoras para la sociedad o las medidas que poco a poco están minando el estado de bienestar logrado.

“Una vez instaurado este discurso, quienes cuestionan las políticas de ajuste y se resisten a los sacrificios son malos ciudadanos, como sugirió Rajoy en Nueva York al ensalzar “a la mayoría de españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de prensa”, en referencia a las protestas de la plaza de Neptuno de Madrid.”

El País (ver fuentes para artículo completo).

Y ahora nos encontramos con medidas como las que la Ministra de Trabajo, Fátima Báñez, quiere aplicar en el mercado laboral: se castigará a los parados que no acepten un trabajo (como si los trabajadores españoles recibiesen multitud de ofertas de trabajo). Una vez más se vislumbra la idea de la crisis como una catástrofe inevitable sin culpables y en la que solo las personas que estén al borde de la indigencia tendrán un derecho (casi divino) de recibir 400€ de ayuda gubernamental.

El caso es que en España se han sobrepasado el millón y medio de hogares en los que todos los miembros están en el paro. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), España ha ganado dos puntos en pobreza. Aún así, no deja de insistirse en que el parado no hace suficiente para encontrar trabajo. El parado es sospechoso de querer vivir de los demás además de haber perdido su empleo.

 

Desviar la atención sobre temas más sonoros

manipulacion_0El ejemplo catalán permite ilustrar este tema tan simple pero no es el único: la técnica de desviar la atención es empleada por multitud de políticos. Aprovechando la diada nacional del 11 de Septiembre, que de algún modo es el escaparate del pueblo catalán y con la proximidad inminente de unas elecciones en Cataluña, el presidente de la Generalitat de Cataluña ha salido a la palestra con virulencia para reclamar un referéndum solicitando la independencia de Cataluña.

Obviando los asuntos directamente ligados a esta consulta y que dicho Presidente no ha comentado como por ejemplo, la permanencia en la Unión Europea, la incompatibilidad de esta solución con la permanencia del sector empresarial y muchos aspectos que se tratarán en el próximo artículo, lejos quedan las críticas a Artur Mas por la drástica reducción de los presupuestos de sanidad, las obras aeroportuarias inútiles o la implicación de Convergencia i Unió en el caso Millet… Ahora solo se habla de la independencia de Cataluña. Y Artur Mas es el nuevo abanderado del independentismo catalán. En realidad no lo es, pero lo hace creer. Y no lo es por una razón muy simple: CiU encarna el sector conservador, religioso y empresarial de Cataluña que ya ha expuesto su clara oposición a la soberanía de la Comunidad Autónoma. Sin las subvenciones a su partido, Artur Mas sabe sobradamente que ya no ocuparía su puesto. Se trata simplemente de una maniobra político-comercial para atraer votos.

Mientras tanto, el paro en Cataluña sigue creciendo, la fuga de cerebros es una realidad, las quejas del sector sanitario por la falta de presupuesto se incrementan, la calidad de la educación decrece en las aulas de Cataluña (y de toda España). Pero nadie habla de la crisis… La independencia es más urgente que la calidad de la sanidad, la educación y el estado de bienestar.

La realidad: la sociedad sigue atomizada

Se nos hace creer que no hay otra solución, pero lo que realmente ocurre es que los gobiernos siguen atados al dogma de la austeridad impuesto por los mercados y sencillamente no tienen el valor suficiente para encabezar una ola de cambio ideológico. Este dogma, beneficia única y exclusivamente a las entidades financieras que regentan los mercados y que mayor interés tienen en el endeudamiento de los estados (un préstamo a alto nivel de interés, con fuerte capacidad especulativa y con unos fondos públicos de rescate que aseguran los fondos prestados). Los bancos y concretamente el Bundesbank que lleva décadas especulando sobre Europa y ahora mueve todos los hilos posibles para asegurar que sus inversiones millonarias sean devueltas con el interés fijado.

En esta ecuación no entra en ningún momento la variable humana: los ciudadanos no existen. Y la razón es muy simple: las personas siguen debatiendo en los bares si la subida de impuestos debe destinarse a un lugar del país o a otro, mezclando demasiadas ideas que no llevan a ninguna conclusión real sobre a crisis. Y todo porque se piensa que la crisis es una fuerza casi divina contra la que nada se puede hacer.

Pero quizá lo primero que habría que pensar es en buscar a los culpables de esta situación. Hay ejemplos (Islandia) y hay razones (las listas del paro por poner un ejemplo entre tantos otros). ¿Quienes son los culpables (por que sí, los hay) de esta crisis? ¿Por qué pagamos todos menos esos culpables?

Algunos grupos intentan encontrar el apoyo de una mayoría social pero no pueden. Entre la clase media, todavía hay personas que creen que recortar en sanidad nos permitirá realmente salir de la crisis. Hoy en día, el viejo lema “Divide y vencerás” sigue de plena actualidad.

Insolidaridad

El el marco ideológico de la crisis como hecatombe contra la que no se puede luchar y en el cual se integra la idea del desempleado como culpable de su debacle y fracaso social (una visión intolerable en el mundo occidental en el que vivimos), el discurso culpabilizador genera angustia e insolidaridad. Entre los ciudadanos pudientes y con trabajo contra los parados y pobres. Y lo mismo ocurre entre los países del norte de Europa y del Sur. Alemania está haciendo creer que España y Grecia no han sobrevivido a la crisis por culpa de su gestión y porque son “unos holgazanes que se pasan el día al sol”. Todo ello, en lugar de apuntar a los bancos alemanes que han especulado con el futuro de Europa…

Todo esto por no reconocer que los países que mejor han sobrevivido a la crisis son aquellos con un mejor estado de bienestar y que los recortes de todo tipo no son útiles y se han demostrado infructuosos en su objetivo de relanzar una economía europea prácticamente muerta.

Fuentes:

El País – opinión, Milagros Pérez Oliva “Culpables de ser pobres” – edición digital: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/04/actualidad/1349374997_487382.html