domingo, 4 de septiembre de 2011

Finanzas, radiación y primaveras. Puntos en común de un sistema global en mutación

cambio

Retomamos el mes de Septiembre. Y lo hacemos con mayor perspectiva sobre lo que está ocurriendo en el mundo y sobre lo ocurrido hasta la presente fecha a lo largo de este año. Se podría considerar que los tres elementos más relevantes durante el 2011 han sido el tremendo ahondamiento de la crisis financiera mundial, el desastre de Fukushima y las revoluciones asociadas a la Primavera Árabe. Ya sea a nivel financiero, energético o social, estos tres terremotos globales no parecen a priori, tener nada en común salvo el hecho de ser preeminentes en su terreno.

Pero no deja de llamar la atención que estos tres elementos ocurran casi simultáneamente. Y es que el derrumbe del sistema económico debido a sus propios errores, el replanteamiento de la energía nuclear como medio de abastecimiento tras la crisis de Fukushima y la revuelta social por la democracia en los países dictatoriales considerados por occidente como “estables” podrían sugerir que el mundo está demostrando a sí mismo los límites de una lógica imperante devastadora.

¿Existe una unión entre las crisis financiera y nuclear y los levantamientos sociales en Oriente Próximo?. ¿De existir, cuál es esta relación entre los tres elementos imperantes?. Responder estas preguntas e indagar cuál es el futuro sugerido por la época convulsa que vivimos será el objeto de este artículo.

 

Las tríada global: finanzas, nuclear y primaveras árabes

ad287883c3ca167444aef35271e6d38bA priori, no parece razonable o útil comparar tres acontecimientos que no parecen tener relación alguna entre sí. La crisis económica y el pánico financiero derivado proceden de un mundo “virtual” en el que millares de dólares especulativos se han evaporado en poco tiempo. Un accidente tecnológico mayor y prioritario conlleva a la crisis nuclear en Japón y a posteriori en el resto del mundo. El tercer caso se deduce de un descontento generalizado con unas dictaduras militares.

¿Que indicio podría llevarnos a pensar que existe una unión entre estos tres elementos? En primer lugar, nótese que no sería preciso comparar al mismo nivel dos catástrofes, una de las cuales (la financiera) podría retratarse como el Triunfo de la Cupididad según el célebre Joseph Stiglitz con la otra, un movimiento social que busca librarse de una cúpula militar corrupta e incompetente para defender los derechos a los que deberían tener acceso los habitantes de países que desde hace años occidente considera como “estables”.

Pero detrás de todos ellos existe un elemento en común. En efecto, todos ellos ponen en duda el sistema capitalista tal y como se entiende actualmente. Y contrariamente a lo que muchos supuestos “expertos” auguran si no se dan plenos poderes al mismo sistema capitalista, podríamos estar ante una etapa liberadora que permitiría que diversas ramas del capitalismo se deshicieran de unos dirigentes arcaicos, incompetentes e incultos. Todavía más interesante, podría suponer un cambio de mentalidad humana para algunos pueblos árabes, una mejora de la concepción medioambiental para el planeta Tierra y un desvío adecuado hacia un capitalismo mucho más razonable y humano.

Y todo ello porque estas tres crisis tienen tres puntos en común. En primer lugar, el tambaleo de pilares elementales del sistema actual como la energía, el control de la sociedad a través de unas políticas estables y su orientación neoliberal selectiva en función de la cuenta corriente. En segundo lugar, implican la misma sacudida en los campos citados anteriormente que conlleva un riesgo tecnológico inaceptable, una revuelta social incontrolable y una falta de autoridad insoportable. Y en tercer lugar, han sacado a la luz el hecho de que existen fuerzas que se oponen a un sistema preestablecido. Ya sean humanas o naturales existen elementos que se oponen a este capitalismo.

 

Imprevisibilidad y descarriamiento

peatonverdepeatonrojo%202Sin el petróleo, actualmente diez veces más caro que en el año 1990, el mundo debería renunciar a tres cuartos de la producción alimenticia. Pese a las nuevas tecnologías, el ser humano no puede permitirse perder la energía derivada de los combustibles fósiles y todo ello porque el sistema energético mundial está fragmentado y “dedicado”. La energía nuclear se emplea básicamente en la producción industrial, el gas y el carbón licuado están orientados hacia la calefacción mientras que el combustible se usa para desplazar todos los vehículos del mundo.

Renunciar a la energía nuclear, como se está planteando actualmente y como Alemania quiere llevar a cabo antes de 2022, supondría reorientar el 14% de la producción energética hacia el sector eólico, solar e hidráulico. Más allá de si estos sectores emergentes podrían encajar tal aumento en su producción energética, este hecho demuestra también que se está tambaleando un elemento crucial en el sistema global: la energía nuclear.

Por su lado, las democracias occidentales, supuestamente basadas en la libre elección, han apoyado a gobiernos que han aplastado la libre elección, la libertad de expresión y muchos otros derechos fundamentales. Los expertos diplomáticos apoyaban este soporte vil puesto que en el caso contrario “millones de personas hubieran sido atraídas por los mercados de trabajo lejos de sus países y se hubiesen generado conflictos religiosos y raciales en todo el mundo”. En otras palabras: la mundialización favorable a occidente no se hubiese podido llevar a cabo en condiciones de docilidad y facilidad. Túnez, Egipto y Libia son el ejemplo más claro.

Por este motivo, las revueltas en pro de la democracia y la libertad han suscitado no solo un apoyo social si no un cierto temor al futuro por parte de los dirigentes occidentales. Todo ello camuflado detrás de un silencio y un “esperismo” ridículo. Otro pilar del sistema se tambalea: la estabilidad de los países periféricos a las centrales del capitalismo. De ahora en adelante, el apoyo a los nuevos gobiernos en estos países deberá ser más visible y las relaciones diplomáticas más cautas y menos expoliativas.

 

Amenaza a la estabilidad de un sistema impuesto y preconcebido: forzar el curso de las cosas

contaminadoAdemás de estimular los dirigentes a reunirse para discutir sobre los asuntos en cuestión una y otra vez, estas tres crisis apuntan a un vicio del sistema capitalista. En efecto, la obsesión por forzar hasta el límite de la resistencia todo lo que se cruce en el camino para obtener el máximo provecho es un mal endémico que está dejando sus primeras huellas. ¿Energía nuclear? Presionar la naturaleza hasta los límites y hacer más y más real el día en que el planeta Tierra no podrá soportar al ser humano. ¿Revueltas sociales? Presionar a una población hasta la extenuación y el deseo de liquidar a un dictador, cometiendo matanzas fratricidas. ¿Crisis financiera? Forzar un producto ficticio como es el dinero hasta un límite que ni siquiera el propio sistema, con sus propias reglas del juego ha podido soportar sucumbiendo y haciendo desaparecer millares de euros que jamás existieron.

Más concretamente, la industria financiera se ha beneficiado del beneplácito de los estados liberales para aprovecharse de la deuda pública, manipular las ofertas de crédito y forzar a los inversores en contratos imposibles o trampas invisibles. Las prisiones políticas y el uniforme (e insignias) como medio de autoridad han conllevado abusos, encarcelamientos, restricciones y masacres que han extenuado a un pueblo con las mismas ansias de libertad que occidente de hace un siglo.

 

Siguiente paso tras la catástrofe: minimizar los daños

yo-no-soy-tontoEstados Unidos abogó por una ayuda de 300 millones de dólares de los cuales 25 serían afrontados por el contribuyente. Es decir, un parche que tan solo cubría un 10% de las perdidas reales causadas por la crisis financiera (próxima a los 3.000 millones de dólares). La prensa apenas trata la catástrofe de Fukushima, Tepco aseguró que no existía riesgo alguno y las autoridades japonesas afirman que todo está bajo control mientras que inicialmente se graduó la crisis al mismo nivel que el caso de Tchernobyl. Caso que 30 años después sigue generando malformaciones, contaminando subsuelos etc. Por su lado, en los países “moderados”, “estables” e incluso “aliados”, la prensa, que parece cada día más un brazo extendido del sistema, no hace acto de presencia ocultando a la vista de las personas las constantes desapariciones, torturas y arrestos ilegales cometidos por los dirigentes dictatoriales.

Y es que estos hechos derivan de la imprevisibilidad y el descarrío generados en el propio seno de la mentalidad del sistema actual. La creencia o fe ciega en este sistema conlleva a acontecimientos imprevistos, de gran riesgo y tan solo conducen a permanecer en el error cometido una y otra vez. Por ejemplo, supongamos tener una central nuclear. No se puede prever una preparación para un imprevisto que ya negamos previamente. Así pues, el Reino Unido y Francia no han preparado sus empleados de las centrales nucleares para un hipotético ataque terrorista puesto que eso no ocurrirá. Otro ejemplo, si creemos en el sistema financiero, no podemos concebir que una burbuja financiera que estamos alentando y de la que muchas personas viven vaya a empujar al sistema a su propio suicidio. Y ello ni siquiera un siglo después de la gran crisis del siglo XX y tal y como han predicho varios economistas ya en 1955 (por ejemplo John Kenneth Galbraith).

La incapacidad para pensar acompaña como una sombra al ansia de imponer un orden en lugar de pensar. Una vez más, la incapacidad para resolver problemas implica un nuevo nexo de unión entre las tres crisis. Fukushima se parece a la crisis financiera: “en una se hecha agua para refrigerar el núcleo de la central, en la otra se lanzan billetes para evitar la implosión de una burbuja” (Paul Jaurion).

 

Un sistema en declive

esperanzaEl sistema neo-liberal no está condenado ni mucho menos como sistema de funcionamiento global en sí mismo. De hecho, la actual crisis lo único que ha hecho es otorgar plenos poderes a los actores económicos, ceder mayor credibilidad a las entidades de calificación y reducir los derechos de las personas de cara a su propio Estado. Bancos y demás actores financieros disponen ahora de más poder, menos restricciones y siguen impunes por lo que han cometido. Todavía está lejos el día en que Hosni Mubarak, Muhamar Gaddafi o los demás dictadores sean juzgados por sus crímenes y no se entrevé un mejor sistema de gestión de la energía nuclear en Japón. Todo seguirá igual o peor en los próximos años.

No obstante, algunos avances pueden ser contemplados. La política devastadora ya no se presenta como una “desgraciada necesidad” si no como una forma de gobierno autodestructiva, despótica, arbitraria y peligrosa que se sustenta en tres pilares de dominación: limitación de la libertad de trabajo y de expresión, impedir disfrutar de la naturaleza sin destruirla e imposibilitar la participación libre a la vida política de un país.

¿Que soluciones se pueden aportar? En vistas de la crisis financiera y laboral, el camino podría pasar por concebir una lógica que ya no esté basada en la simple relocalización o desplazamiento en vistas a un máximo beneficio sino en un pensamiento que permita otorgar mayor autonomía y diversificación de las personas a nivel laboral.

Respecto al cuidado medioambiental, el objetivo debería dejar de ser la explotación natural para una extracción máxima del planeta si no un sistema geopolítico más respetuoso y concebido no para explotar, si no para conservar el balance bio-económico en vistas a un largo plazo inminente.

Por último, la solución a los gobiernos despóticos pasa en primer lugar por dejar de ser hipócritas en occidente. Dejar de santificar a celebridades que entregan menos de un 1% de su salario a las ONGs para tener la conciencia tranquila mientras que el gobierno financia, arma y protege a las dictaduras de Oriente Medio.

En todos estos campos, Internet está jugando un papel clave como transmisor de ideologías, posiciones y como medio de organización. La lucha de ideas que está abierta ahora mismo se plantea difícil con los arcaicos y obsoletos pero venerados (por generar millones de dólares para ellos y sus amigos) expertos. El principal obstáculo para avanzar son los escasos conocimientos mínimos necesarios para proponer ideas válidas en los campos de la energía y las finanzas de los que disponen estos dirigentes. Aún así, la sensación, idea o simple intuición de que un sistema más respetuoso con todo el entorno y las personas, menos fraudulento, más justo, moral o simplemente, un sistema mejor puede ser posible ya es un gran avance. Y todo esto, sin que ocurra lo que muchas otras veces pasa: estas ideas ya no se tildan inmediatamente de irreales o imposibles.

 

Fuentes:

Le Monde Diplomatique – edición francesa impresa, Julio 2011 (Dennis Duclos “Le Pouvoir mis à nu par ses crises”)

Le Triomphe de la Cupidité, les liens qui libèrent – Joseph Stiglitz (Paris 2010)

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